Llego algo tarde para recordaros que estos meses tenemos la suerte de tener en Toledo una exposición imperdible para los amantes de la cultura escrita, de los códices y de los manuscritos y del legado del pensamiento andalusí. Una exposición a la que todavía le queda un mes en su actual ubicación, pero que muchos estamos peleando porque se quede de forma definitiva en Toledo, unida al resto del Fondo Kati al que pertenece, compuesto de muchos manuscritos de entre los cuales hay varios que nunca debieron salir de la ciudad, pero lo hicieron hace más de cinco siglos.

Los Kati, los Quti, los godos. Historia del Fondo Kati.

                  Ismael Diadié, propietario actual del fondo, cuenta su historia saltando de las fuentes documentales a la memoria oral de la familia.

Ismael Diadié con Emiliano García-Page, actual Presidente de Castilla-La Mancha, durante la entrega de la Medalla de honor en el año 2017.

 

                  Aquellos primeros Quti, arabización de los godos, serían -siguiendo el relato oral- los godos descendientes del penúltimo rey, Witiza, la élite de la nobleza visigoda despreciada por el rey Rodrigo. Ellos serían la primera gran prueba de mestizaje en el seno de al-Ándalus, de matrimonios entre hijos e hijas de nobles visigodos y de caudillos musulmanes, como pasó con Abd el Aziz el hijo de Musa y la viuda del rey Rodrigo. El más importante fue el de Sara, nieta de Witiza, casada y enviudada con un marido musulmán y vuelta a casar con otro del que tuvo descendencia, naciendo así una dinastía de la que ya en el siglo X procedía el historiador Ibn al-Qūtiyya o Ibn-Qutiya. Tras la conquista árabe del siglo VIII estos Quti mantuvieron el cristianismo durante siglos pero terminaron, primero, arabizándose (como todos los cristianos andalusíes, los mozárabes) y finalmente abrazando el islam. Emigrados desde Toledo a Granada, un miembro de la familia regresaría a Toledo en el siglo XIV y refundaría la rama castellana de los Quti, ya musulmanes.

 

 

                  En el seno de aquella familia, varias décadas después, nació Ali ben Ziyad, un jurisconsulto de la oligarquía toledana del siglo XV que mantenía abiertos varios negocios de hospedería. También era un erudito bibliófilo, depositario de una rica biblioteca familiar que custodiaba en su residencia cercana a la alcaicería, en las inmediaciones del actual Corral de don Diego). En el contexto de la Farsa de Ávila que supuso uno de los primeros capítulos del encumbramiento de Isabel, la futura Reina Católica, Toledo volvió a ser protagonista de las tensiones entre cristianos viejos y nuevos, y la débil paz en que vivía explotó con los fuegos de la Magdalena, con nuevas matanzas que tuvieron como principales víctimas a conversos y moriscos, a judíos y musulmanes. El 22 de julio de 1467 un grupo de judeoconversos, hartos de esta asfixia, asaltó la catedral, saqueó sus tesoros y mató a dos canónigos. La noticia se extendió y esa misma noche más de 1000 cristianos viejos se levantan en armas. Los conversos, que eran cientos, se hicieron fuertes en los puentes y puertas de la ciudad, alzaron barricadas y así comenzaron los combates. La Magdalena, el barrio de Alí ben Ziyad, fue el más castigado. Más de un día entero de llamas acabaron con la vida de muchas personas y de 1600 casas. En 1468 Alí ben Ziyad abandonó Toledo dejando aquí a su familia, entendiendo que la supervivencia era imposible en aquel clima de fanatismo e intolerancia. Se llevó gran parte de su biblioteca y recorrió al-Ándalus hasta el Estrecho. Desde allí comenzaba la aventura africana de los Quti, de los godos africanos.

 

Barrio y parroquia de la Magdalena en la actualidad

 

                  Ali ben Ziyad dejó atrás Toledo y se embarcó en un viaje de miles de kilómetros durante los años siguientes por Asia y África, buscando la paz… y aumentando su biblioteca. Se asentó en Gumbu, en la frontera con Mauritania, donde murió a comienzos del siglo XVI. Allí está enterrado este toledano. En Gumbu pudo entroncar nuevamente con las élites políticas y económicas locales, casándose con Khadija, la hermana del futuro emperador Askia Muhamad del imperio Songhai. Parece que sus descendientes, especialmente Mahmoud Kati, recibieron el legado manuscrito de su padre y lo aumentaron durante siglos, aumentando también en los márgenes de los manuscritos sus impresiones y sentimientos, compras, reflexiones y muchas noticias sobre el viaje de esos textos y de sus propietarios. Anotaron el precio de los libros, dónde lo compraron, a quién, etc., y algunos de ellos sirvieron para que Ali ben Ziyad escribiese sus impresiones en el viaje que le llevó desde Toledo al exilio. Hoy Ismael las está transcribiendo, traduciendo e intenta editar cuidadosamente para que puedan ser conocidas y estudiadas.

 

                  El Fondo Kati o Quti se compone de varios subfondos nombrados a partir de cada generación familiar, abarcando más de 12.000 manuscritos. El primero de esos subfondos es el de Ali ben Ziyad y se compone de 56 manuscritos, el 2º el de Mahmoud Kati con 96 manuscritos, y así sucesivamente. Mahmoud fue un erudito local y autor de la obra Tarikh al-Fattash, una historia del imperio Songhai hasta la conquista marroquí de 1591 y de los orígenes del actual Mali. Se conoce menos su vida y cómo escribió su historia familiar, factores que están envueltos en no pocas sospechas y confabulaciones, por el uso que hicieron de ellas algunos historiadores franceses durante el protectorado decimonónico en el Magreb. Mahmoud estudió y se convirtió en un qadí, un jurista respetable, que acompañó al Askia Muhammad durante el hajj a la Meca, cuando el Askia fue investido con el título de Califa. Tras la muerte de Askia, Mahmoud siguió contando con una enorme influencia política, cercano a su sucesor.

                  A partir de los sucesores de Mahmoud, muchos también juristas y eruditos, el fondo fue creciendo y aumentando su valor en relación con su contenido de saberes jurídicos, religiosos e historia de África. Pero en 1591 se produjo la primera dispersión tras el caos desatado por la conquista de Marruecos del imperio Songhai. A partir del siglo XVIII varios familiares se pusieron a trabajar para recuperarlo y reunificar los fondos. El más importante fue Ali Gao, académico y estudioso que copió y restauró muchos de ellos, que estaban en estado precario. Su fondo es el 10º y cuenta con 967 manuscritos. Su nieto, Muhammad Abana, se propuso reconstruir los pasos de Ali ben Ziyad y se recorrió pueblo a pueblo todo lo que pudo comprando manuscritos perdidos, añadiendo otros 1.663 manuscritos a la colección que hoy componen el fondo 12º. Finalmente, el último gran propulsor del fondo ha sido el propio Ismael, que ya en los siglos XX y XXI sigue trabajando para recuperar los manuscritos dispersos y poner todo el fondo en valor.

 

                  En Toledo se muestran hoy en la biblioteca del alcázar algunos de los ejemplares más interesantes, junto a una muestra de cartografía histórica y bibliografía reciente que ayuda a entender y a contextualizar la historia y el devenir de los manuscritos. Entre esos mapas reproducidos, destaca el Atlas Catalán de Abraham Cresques, de finales del siglo XIV, un judío mallorquín que por primera vez en la historia situó Tombuctú en los mapas europeos.  Doce vitrinas en total con algunas joyas que me gustaría destacar.

 

Kitab al-Shifa

Una biografía del profeta Mahoma que Ali ben Ziyad compró ya en Tuat (Argelia) en 1468, dos meses después de haber abandonado Toledo en cuyos márgenes escribió “procedentes de nuestro país, de Toledo, localidad de godos”. Sus anotaciones en los márgenes son las más interesantes quizá de toda la colección. También su firma: Alí ben Ziyad al-Quti al-Tulaytuli, “el godo y el toledano”

 

 

 

Tratado de teología islámica

Escrito en el siglo XIV por un jurista y teólogo granadino. En este manuscrito, en sus anotaciones marginales, se fue recogiendo la genealogía de Ali ben Ziyad hasta casi el siglo XVII.

 

 

 

Libro de poemas

Este manuscrito perteneció a Mahmoud Kati, descendiente de Ali ben Ziyad, y puede fecharse en el siglo XV. Precioso, escrito a dos columnas y varias tintas, iluminado en algunos de sus folios.

 

 

 

Tienda tuareg

Esta ilustración fue descosida de un manuscrito del siglo XVII, perteneciente a Mahmud Kati III. Deteriorada por la “mutalición” sufrida, es la pieza más colorista de toda la exposición.

 

 

Corán

Escrito en un kúfico precioso y legible en 1198, ocupa  la vitrina central. Fue obra de un valenciano. Ismael Diadié, el actual propietario del fondo, defiende que es de los manuscritos que pertenecieron a Ali ben Ziyad.

 

 

                  El Fondo Kati actual necesita con urgencia dos cosas. En primer lugar, protección, pues no hace tanto que al-Qaeda en el Sahel asaltó algunas de las varias bibliotecas de manuscritos que cobija la ciudad de Tombuctú, donde los Kati han tenido durante siglos su casa y sus libros. No sería mala idea, como pide Ismael y como varias veces se ha comprometido ya el ayuntamiento toledano, que el fondo fuese recibido en la ciudad y custodiado aquí como parte de la historia de Toledo que fue y que es. Lo que nos llevaría a la segunda necesidad: el fondo necesita ser estudiado de forma inmediata y definitiva, puesto al alcance de investigadores que trabajen sobre su contenido de forma rigurosa. Sólo así se podrá conocer la importancia, el calado y el contenido tanto de las miles de anotaciones manuscritas que son interesantes para la historia de la ciudad, como del resto de manuscritos que arabistas y especialistas en historia del islam, de África, de la ciencia y del derecho medievales podrían por fin catalogar en informarnos del contenido y valor que tienen. Y Toledo podría ser la sede donde se pusiese en marcha este centro de estudios.

                  Más allá de la verosimilitud o no de la historia que sabemos -o creemos saber- del Fondo Kati, nunca conoceremos su historia ni su contenido si no lo estudiamos. Y para Toledo sería un ejercicio de justicia recuperar parte de la memoria familiar de alguien que siempre dejó por escrito que su tierra era España, Toledo. Alí ben Ziyad al-Quti al-Tulaituli, el Godo y el toledano, como firmaba algunos de sus manuscritos. Aunque los manuscritos de Alí ben ziyad sean una minoría dentro del enorme Fondo Kati, son el germen y el origen de esta impresionante colección cuyo estudio arrojaría mucha luz sobre la transmisión cultural y de todo tipo de saberes entre España y África durante la Edad Moderna. La biblioteca nace por deseo expreso de un toledano, aunque sus descendientes la fueron aumentando ya desde África. Y sería un tremendo error no apostar por alojar aquí, en la ciudad que aún presume de ser “la de las tres culturas”, un fondo de enorme valor para los estudios sobre Toledo, al-Ándalus y el pensamiento islámico. ¿Acaso no tendría sentido otro museo y centro de estudios y de difusión de la cultura andalusí, como ya existe en el Museo Sefardí y sinagoga del Tránsito, cuya base sea este rico fondo manuscrito de los Kati? Muchos creemos que sí, y que la apuesta de “la ciudad de las Tres Culturas” por la CULTURA no puede limitarse al Puy du Fou.

 

 

                  Os animo a que paséis a verla en su último mes de estancia en la Sala Borbón-Lorenzana de la Biblioteca Regional, un espacio ya de por si valioso por el contenido de su colección permanente, amén de su ubicación en el lateral más occidental del alcázar toledano, con unas ventanas que permiten ver la ciudad casi al completo. Y si podéis, antes de ir a verla, echad un ojo a este precioso documental en dos partes (I y II) que grabaron hace años sobre el Fondo Kati y otros tantos fondos relacionados con la cultura manuscrita y los saberes andalusíes y africanos, dispersas por Tombuctú.

 

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