Ángel Fuentes, profesor de la Universidad de Córdoba, acaba de publicar en el último número de la revista Hispanic Research Journal un artículo en el que se identifica un retrato inédito del rey Enrique III de Castilla conservado actualmente en el convento toledano de San Juan de los Reyes. Se trata de un descubrimiento especialmente relevante dado que dicho relieve constituye una de las escasas representaciones conservadas del monarca. Además, este presentaría la singularidad de haber sido esculpido más de un siglo antes de la construcción del convento y destinado a otro emplazamiento distinto, pues probablemente fue realizado en torno al año 1399. Por eso le he pedido que nos lo cuente en el blog con una entrada, para dar a conocer la identificación a los lectores de dentro y fuera de Toledo.

La pieza pudo ser encargada por el propio monarca como una imagen de devoción franciscana para ser colocada en el antiguo convento de San Francisco –actual Concepción Francisca–. La imagen mostraría a la familia real durante una ceremonia de exaltación de la cruz en la que también fueron esculpidos los retratos de la reina Catalina de Lancáster y de un arzobispo –probablemente Pedro Tenorio–. Hasta el momento dicho relieve en alabastro había sido datado a principios del siglo XVI y se pensaba que sus figuras encarnaban a la reina Isabel la Católica y sus hijas.

 

Enrique III fue uno de los monarcas que mostró mayor devoción hacia el santo de Asís y que apoyó con más fervor a los franciscanos. De hecho, su primogénito –el futuro Juan II– habría de nacer entre los muros de uno de sus conventos. Y aún más, a su muerte, el rey se haría enterrar en la Catedral Primada bajo una escultura que lo representaba vestido con el hábito de san Francisco. Una de las pistas que ha llevado a identificar el relieve de San Juan de los Reyes con un retrato real habría sido la obsesión que el monarca mostró por el cordón franciscano. Enrique III llegaría a crear una Orden de Caballería cuya insignia no era otra que la cuerda anudada que también aparece ciñendo sus vestiduras en el alabastro toledano.

¿Cómo llegó dicho relieve hasta el convento de San Juan de los Reyes? En el artículo se propone que este sería colocado por la propia reina Isabel sobre la puerta de la sacristía del convento con una intención memorial. «La reina Isabel llevó a cabo una profunda reforma entre los conventos toledanos, una operación que la movió a construir algunos de nueva planta y trasladar otros según se considerase que la ‘reforma’ fuera más o menos necesaria –señala el historiador del arte–». De hecho, en 1501, por deseo expreso de Isabel la Católica, la Custodia de Toledo decretó la mudanza de la comunidad de San Francisco al monasterio de San Juan de los Reyes, un edificio por aquel entonces aún en construcción. ¿Fue durante ese movimiento cuando se produciría un posible traslado del relieve de Enrique III? Según apunta el investigador, «la extraordinaria coincidencia cronológica entre el desmantelamiento del antiguo convento y la construcción de la sacristía del nuevo (c. 1500-1503) lo hace sugerentemente posible. Desde luego, una vez expulsados los frailes, nada hubiese impedido a Isabel hacerse con esta ‘reliquia’ de devoción Trastámara para situarla en algún lugar destacado de su nueva fundación como un instrumento legitimador dentro de un contexto ceremonial fúnebre. Más aún cuando el relieve mostraba a sus abuelos haciendo gala de la misma piedad franciscana por la que era conocida la reina».

 

Al parecer, la posición del relieve sobre la puerta de la sacristía del convento tampoco sería casual. La sacristía, uno de los espacios más impresionantes del edificio y antaño decorada mediante colosales escudos de los Reyes Católicos y sus sucesores, se encontraba situada justo debajo del ‘cuarto real’: unas estancias palaciegas que eran visitadas por los monarcas especialmente durante las ceremonias funerarias. Precisamente durante dichas ceremonias el relieve adquiriría pleno sentido al evocar la perdurabilidad dinástica a través de la rememoración de un importante antepasado difunto.

El alabastro de San Juan de los Reyes, asegura el autor, «ha de contemplarse ahora dentro del nuevo discurso de representación y legitimación llevado a cabo por los primeros monarcas de la dinastía Trastámara. Una política de persuasión y de visualización del poder en espacios públicos y semipúblicos que tuvo entre sus objetivos el de mostrar a los soberanos como monarcas elegidos o refrendados por la autoridad divina».

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Ángel Fuentes es doctor en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid y Profesor Interino en la Universidad de Córdoba. Participa actualmente en varios proyectos de investigación nacionales e internacionales dedicados al estudio de la producción artística y cultural en la Edad Media y en los últimos años ha realizado estancias de investigación en instituciones como The Warburg Institute (Londres) o el Institut national d’histoire de l’art (París).

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