Ciertas fechas del año como la Navidad o la Semana Santa parecen marcar diferencias entre el islam y el cristianismo. Sin embargo, la superficie común entre ambas religiones supera con creces los puntos que las separan. Y un análisis del texto coránico, referencia por antonomasia del islam, revela que varios capítulos y pasajes del mismo son una auténtica celebración de dos figuras principales en ambas tradiciones religiosas: María y Jesús.

Es común encontrarse con una visión equivocada de que dichas figuras tienen más bien poco que ver con el mundo islámico. Ello se debe quizás a prejuicios ontológicos, no sólo acerca del islam sino también acerca del propio cristianismo. Hablamos de prejuicios que emanan desde dicotomías falsas que establecen, por ejemplo, que el cristianismo es una religión occidental y el islam una religión oriental, cuando ambas religiones encuentran su origen en la misma región del mundo que hoy llamamos Oriente Medio. Tan oriental es el cristianismo que el nombre real de Jesús en su idioma materno sería irreconocible para la mayoría de los adeptos de la religión cristiana: en arameo se llama yēšūă‘.

 

Heinrich Bünting, Itinerarium Sacrae Scripturae (1581).

Por lo tanto, en el islam existen visiones realmente interesantes acerca de personajes comunes entre las religiones abrahámicas. Y, de hecho, a través de la historia del islam se desarrolló un corpus de textos centrados en las figuras de María y Jesús que podríamos llamar una cristología islámica, con sus diferentes interpretaciones, divergencias, aciertos y contradicciones.

Un aspecto llamativo acerca del Corán es que le da un papel de mayor protagonismo a María que aquel que recibe en los evangelios donde la figura central, sin duda, es Jesús el Mesías. En el Corán, el nombre de María es mencionado  34 veces repartidas por 12 capítulos distintos, mientras que el nombre de Jesús es mencionado 25 veces.

Asimismo, a pesar de que el Corán habla de varias mujeres desde la mujer del Faraón en la historia de José, la madre de Moisés o la Reina de Seba, María es curiosamente la única mujer mencionada por su nombre propio en el Corán. Las demás aparecen mencionadas de forma pasajera, mientras que María incluso da nombre al capítulo 19 del Corán que se llama Maryam y que narra la historia del nacimiento de su hijo; un relato en el cual es ella la protagonista. No encontramos un capítulo que lleve el nombre de Jesús (‘isá en árabe), ni tampoco un capítulo que lleve el nombre de la madre del profeta Muhammad, que es el receptor de la revelación coránica.

Un capítulo en el cual la mención de María cobra una especial importancia es el tercero del Corán titulado Ál Imrán ( La Familia de Imrán). El título es un homenaje especial a la ascendencia levítica de María, que es descendiente de Aarón, hermano de Moisés que el Corán describe como un profeta y Mensajero. Es una distinción afectiva, en definitiva, a la Sagrada Familia:

“Dios eligió a Adam, a Nuh, a la familia de Ibrahim y a la familia de Imrán por encima de toda la creación” (3:33)

Además de esta distinción general, unos versículos más adelante encontramos una distinción específica a través de una manifestación angelical a María:

“Y cuando dijeron los ángeles: ¡Maryam! Dios te ha elegido, te ha purificado y te ha escogido por encima de todas las mujeres de la creación.” (3:42)

 

Jesús, el Mesías, hijo de María … (Corán, 3:171)

 

En la Sunna o dichos del Profeta Muhammad encontramos varios textos que indican que María es una mujer que alcanzó la perfección, y una devoción absoluta a Dios. El propio Corán da fe de ello al mencionar escenas de su infancia e incluso le adscribe varios milagros. Por ejemplo, menciona como ante el asombro de Zacarías, María recibía alimento y sustento de manera misteriosa:

“Su Señor la aceptó con buena acogida, hizo que se criara bien y la confió a Zacarías. Cada vez que Zacarías la visitaba en su lugar de oración, encontraba junto a ella provisión. Decía: ¡María! ¿Cómo es que tienes esto? Decía ella: Esto procede de Dios, es cierto que Dios provee a quien quiere sin limitación.” (3:37)

Los exegetas del Corán comentan este asombro de Zacarías. Dice Al Tabari:

“La razón por la que Zacarías decía eso es, según nos ha llegado, que él cerraba siete puertas al salir, y cuando regresaba y entraba a verla encontraba en su haber frutos de invierno en pleno verano, y frutos de verano en pleno invierno. Entonces, se asombraba de lo que veía.”

Por otro lado, el dogma cristiano de la Inmaculada Concepción que fue decretado por la Iglesia Católica en 1854 y que establece que la Virgen María nació libre del pecado original. Si bien el islam refuta la perpetuación del pecado original, sí que existe desde hace catorce siglos la noción de la Inmaculada Concepción en el sentido de una protección especial a María y Jesús de la influencia de cualquier fuerza satánica. Un hadiz (dicho) del Profeta Muhammad afirma que: “Todo recién nacido es tocado por Satán y por ello inicia su vida con un llanto, salvo el hijo de María y su madre.”

Rawan Anani (Palestina), La Sagrada Familia de María, Jesús y José

 

No se debe confundir la Inmaculada Concepción con la noción del nacimiento virginal de Jesús; un hecho aceptado por todas las escuelas de teológicas islámicas ya que lo establece el propio texto coránico, especialmente en el capítulo decimonoveno que detalla la anunciación angelical del nacimiento de Jesús y afirma claramente que su concepción y nacimiento fue milagrosamente virginal. De allí que Jesús reciba en el Corán el apodo de Ruhullah (espíritu proveniente de Dios), ya que su concepción es distinta a la de cualquier otro ser humano y desafía el proceso natural y normal de concepción y gestación. Igualmente, recibe el apodo “Kalimatullah” (la palabra de Dios). Kalima significa palabra o “logos” si usamos una terminología más cercana a la teología cristiana, e indica que el nacimiento de Jesús es un signo del poder creador y la voluntad de Dios quien le dijo a Jesús “Kun fa yakun” (Sé y fue):

“Verdaderamente Jesús, ante Dios, es como Adán. Lo creó de tierra y luego le dijo: ¡Sé! Y fue.” (3:59)

Anecdóticamente, ambos personajes (Jesús y Adán) son mencionados en el Corán el mismo número de veces (25).

Actualmente, en el Valle del Cedrón, al este de la ciudad de Jerusalén, se sitúa la Gran Laura de San Sabas (Mar Saba en árabe y siríaco), un antiguo monasterio greco-ortodoxo que data del siglo V y que se cree que fue erigido en el lugar en el cual tuvo lugar el nacimiento de Jesús. Este emplazamiento se ajusta en varios sentidos a la descripción coránica de este evento tanto significativo:

“Así pues lo concibió y se retiró a un lugar oriental. Y le sobrevino el parto junto al tronco de la palmera. Dijo: ¡Ojalá y hubiera muerto antes de esto desapareciendo en el olvido!” (19:22-23)

 

La figura de Jesús en el islam es de suma importancia. Por un lado, no sólo es un profeta y mensajero, sino uno de los cinco que forman un grupo más selecto entre los profetas y que serían Noé, Abraham, Moisés, Jesús y Muhammad, ordenados cronológicamente.

El hecho de no aceptar esta condición de Jesús anula uno de los pilares de la fe en el islam y que consiste en aceptar a todos los profetas sin distinción:

“…Todos creen en Allah, en Sus ángeles, en Sus libros y en Sus mensajeros: “No aceptamos a unos mensajeros y negamos a otros”…” (2:285)

Por otro lado, el islam considera que darle a Jesús una posición superior a la de un ser humano elegido por Dios para hacer llegar un mensaje y servir como modelo moral y ejemplo a seguir es caer en un exceso de deificación que ni el propio Jesús se autoatribuyó. En el islam, Jesús es el Mesías (Al Masíh); un título que no conlleva ninguna cualidad divina:

“El Mesías, hijo de María, no es más que un mensajero antes del cual ya hubo otros mensajeros. Su madre era una mujer veraz y ambos comían alimentos.
Mira cómo les hacemos claros los signos y mira cómo luego inventan.” (5:75)

Un musulmán no cambiaría ni una letra de lo que encontramos en este texto evangélico:

“Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis.” (Hechos 2:22)

Algunos de estos prodigios y señales se mencionan tanto en el Nuevo Testamento como en el Corán (como la curación de enfermos y la resurrección de muertos).

Algunos sólo se mencionan en el Corán y no en el Nuevo Testamento, como el hecho de hablarle a su madre tras apenas haber nacido:

“Dijo: Yo soy el siervo de Dios. Él me ha dado el Libro y me ha hecho profeta.
Y me ha hecho bendito dondequiera que esté y me ha encomendado la Oración y la purificación mientras viva. Y ser bondadoso con mi madre; no me ha hecho ni opresor ni malaventurado. La paz sea sobre mí el día en que nací, el día de mi muerte y el día en que sea devuelto a la vida.” (19:29)

Un paralelismo con este pasaje (salvando las distancias) lo encontramos en el evangelio apócrifo llamado Evangelio Siríaco de la Infancia que, si bien es tardío, encuentra el origen de gran parte de su contenido en el Evangelio de la Infancia de Tomás y cuya producción fue probablemente contemporánea a la del Evangelio según Lucas.

 

Río Jordán, donde Jesús fue bautizado por Yahya ibn Zakariya (Juan el Bautista)

 

Precisamente, en el Evangelio de la Infancia de Tomás encontramos otro milagro que se menciona en el Corán y que los evangelios canónicos dejan fuera, que es la prodigio de insuflarle vida a figuras con forma de pájaros.

“Os creo a partir del barro algo con forma de ave. Soplo en ello y se convierte en un ave con el permiso de Dios.” (3:49)

Otro tipo de milagros mencionados en el Corán son aquellos que menciona la Biblia pero no les da la misma dimensión prodigiosa. Un ejemplo de ello es aquel que da nombre al quinto capítulo del Corán: Al Máida (La Mesa Servida). Quizás ello haga referencia a la Última Cena mencionada en el Evangelio de Juan. El Corán afirma que el ágape (o cena sagrada) fue hecha descender del cielo por petición de alguno de sus discípulos que aún no había afianzado su fe:

“Y cuando dijeron los apóstoles: ¡Jesús, hijo de María! ¿Puede tu Señor bajar del cielo una mesa servida para nosotros? Dijo: Temed a Dios si sois creyentes. Dijeron: Queremos comer de ella, tranquilizar nuestros corazones, saber que nos has dicho la verdad y ser de los que dan testimonio de ello. Dijo Jesús, hijo de María: ¡Dios, Señor nuestro! Haz que baje a nosotros una mesa servida procedente del cielo que sea para nosotros un festejo desde el primero hasta el último, así como un signo procedente de Ti; y provéenos, pues Tú eres el mejor de los que proveen.” (5:112-114)

Existen muchos dichos sapienciales de Jesús que nos llegan en boca del Profeta Muhammad y que, junto al Corán, forman en definitiva, la base de una cristología islámica que ha hecho correr ríos de tinta de autores que interpretaron estos abundantes textos en el islam. Aquí hemos visto de forma simplificada algunos de ellos, mientras que existen muchos otros que los describen físicamente, hablan de su modo de vida ascético y austero, o que tienen que ver con su salvación de la crucifixión (en el islam Jesús no es crucificado) y su subsiguiente Ascensión. Están también los textos escatológicos que se centran en su vuelta hacia el fin de los tiempos o su estatus en el más allá. En conclusión, un estudio de dichos textos revela el terreno común entre el islam y el cristianismo, y deja claro el gran potencial que encierran ambas tradiciones para lograr un mayor diálogo, un entendimiento más profundo y una convivencia más respetuosa y pacífica.

 

 

Hoy vuelve a colaborar escribiendo en el blog un buen amigo. Hisham Oulad Muhammad es filólogo, conferenciante habitual, colaborador televisivo, traductor, divulgador islámico y alguien que sigue disfrutando de un buen y largo rato de conversación, rara avis en estos tiempos. Si os interesa seguir leyendo lo que escribe, podéis seguirle en sus redes sociales de Facebook o Instagram

 

 

 

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